Kareshi Kanojo no Jijô
‘LATER'
EP. 23: Días.
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A Sôichirô Arima
Nosotros, Tsubaki Sakura y Takefumi Tonami , estaríamos encantados de que acudieras a nuestra boda que se celebrará el día 20 de Abril a las 17 h, en el Templo Tsuki no Yume .
Después se celebrará un convite a partir de las 19 h, en el Restaurante Yami , a dos calles del templo.
Esperamos con ansía tu asistencia y que puedas pasarlo lo mejor posible.
Tsubaki & Takefumi
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Sôichirô leía y releía la invitación que acababa de recibir. Una semana. Al final de esa misma semana se casaban dos de sus mejores amigos, y no le apetecía para nada ir, no por que no le gustase, no. Sino que, evidentemente, se encontraría con Yukino. No quería verla. No sabía como podría reaccionar ante ella. Deseaba poder resistirse, pero no se sentía con fuerzas para hacerlo. Y menos después de lo ocurrido hacía apenas unos días…
FLASH BACK -----
Estaba cansado. El entrenamiento matinal le había dejado hecho polvo. Era la primera vez en mucho tiempo que se agotaba tanto en una clase, pero su estado de ánimo influyó considerablemente.
Después de haberse duchado fue a la sala de profesores y se sentó en su escritorio, suspirando.
¿Qué podía hacer? La situación no duraría para siempre, y en algún momento debería hablar con Yukino. También quería ver a Sue, estaba en todo su derecho, pero para eso tendría que ver, seguro, a la profesora y no se sentía con valor. ¡Qué curioso! Nunca le había pasado eso.
-Arima- una voz femenina lo sacó de cavilaciones.
-Ah, hola Makimura- saludó a la otra profesora-. ¿Qué pasa?
-Hace un momento han preguntado por ti en recepción.
-¿Por mí? ¿Quién?
-Una chica. No dejó el nombre, pero dijo que te esperaría en el campo de cerezos de al lado del río, y que fueras cuando tuvieras un rato libre.
Sôichirô asintió y se despidió de su compañera. No tenía ganas de nada, pero la curiosidad le carcomía por dentro. Después de pensarlo un poco decidió ir a averiguar quién era y saber de qué quería hablar con él.
Salió del recinto escolar y se dirigió al lugar de encuentro. Sus pasos eran tranquilos a pesar de la curiosidad. Observó el paisaje. Los árboles estaban desnudos por el invierno, sin embargo, pequeños brotes empezaban a asomar por las ramas.
Cerró los ojos dejando que el viento le azotara la cara. Se sentía tan bien de esa manera, allí parecía que no tenía preocupaciones y que nada le importaba, pero… en el fondo, él sabía que eso no era así.
Volvió a la realidad cuando vio a lo lejos una figura femenina apoyada en uno de los troncos y mirando despreocupada las copas de los florecidos árboles.
Se le hizo extraño porque, recordaba una escena similar en su primer año en aquél instituto. Alguna chica lo había citado allí para, seguramente, declarársele y al llegar se había encontrado a alguien. Pensando que era aquella la chica que lo había citado hizo notar su presencia encontrándose con…
-Yukino…
Notó como la chica se sobresaltaba y giraba a mirarlo. Allí estaban de nuevo, con la mirada perdida, y sin saber como reaccionar. Después de un momento, el primero en hacerlo fue Sôichirô, que giró la cabeza y caminó un poco hacia un lado.
-¿Qué haces aquí?- el moreno la miró de soslayo y se dio media vuelta para no encararla-. Márchate, no quiero verte.
Yukino se quedó sorprendida al principio, pero entendía la situación. Sôichirô aún estaba enfadado. Y con mucha razón. Caminó dos pasos al frente con intención de enfrentarse a él cara a cara, pero frenó al momento. No creía que fuera adecuado hacerlo. No sabiendo que el chico pasaría de nuevo de ella.
Miró al suelo un momento, antes de intentar decirle algo.
-Sôichirô, yo… quería hablar contigo.
-¡Márchate!- el profesor gritó sin siquiera girarse, haciendo que Yukino se exaltara.
La pelirroja se mantuvo en el sitio unos instantes esperando una nueva reacción del chico, que no llegó. Él seguía ahí quieto, de espaldas a ella pero sin hablarle, en un terrible silencio.
Suspiró pesadamente y miró la espalda del chico intentando organizar su mente para poder decirle lo que quería con las palabras adecuadas. Soltó un quejido antes de empezar a desahogarse.
-Si no quieres escucharme no me importa, yo voy a decirlo de todas maneras- empezó tanteando el terreno por si el chico reaccionaba de alguna manera brusca. Al ver que no hacía nada y seguía en su posición prosiguió-. Sôichirô, se que me he equivocado. Se también que debí decirlo desde el principio, pero tenía miedo, de ti, de mí y de lo que podía pasar.
>>Justo por esos días, en la universidad me dijeron que estaban dando becas para diferentes universidades privadas de Japón. Yo ya había solicitado una antes, y el rector me dijo que mi beca había sido concedida y que podía elegir a cual de esas universidades ir. En un principio pensé en no aceptarla… pero al ocurrir todo eso, al descubrir también que estaba embarazada…
Yukino dejó de hablar para ahogar un sollozo. No quería que el chico la viera, o en este caso, la oyera llorar. No quería parecer una víctima delante de él, así que se tenía que mantener fuerte.
-Yo huí. No hice otra cosa. Incluso me cambié el nombre por si me buscabas, pero eso es algo que tú ya sabes. No quise saber nada de ti durante estos años, y es ahora cuando me arrepiento de todo. Tenía que habértelo dicho desde el principio- se quedó en silencio de nuevo. Un silencio evidentemente molesto y sin saber que más decir.
Una brisa corrió en aquel instante y Yukino cerró los ojos protegiéndose del viento. Deseaba… rogaba que Sôichirô le dijese algo. Aunque fueran unas míseras palabras, algo al fin y al cabo.
Volvió a abrir los ojos al pasar la ráfaga de aire, encontrándose al chico de la misma manera de antes y con evidentes señales de que no iba a decir nada de nada. Ahogó un sollozo que se le atoraba en la garganta y caminó con la idea de marcharse.
Al pasar por su lado se detuvo un instante y habló sin tan siquiera mirarlo.
-E… espero que logres entenderme algún día. Yo…- dudó antes de continuar hablando. No sabía si era momento para decirlo, pero esta vez no huiría-. Yo te sigo queriendo igual. A pesar de todo.
Siguió caminando, pasando al profesor de largo, sin dejar opción a éste de decir nada, sabiendo de antemano que no objetaría.
Solo rogaba que el tiempo le echara una mano.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Sôichirô se mantuvo inmóvil durante… no supo cuanto tiempo. Estaba sorprendido y a la vez molesto… una sensación extraña le recorría el cuerpo y no sabía ya, que pensar.
Logró, después de un rato, moverse de manera automática hasta un árbol y apoyarse en su tronco, mirando unos pocos pétalos en el suelo.
Por muy indiferente que hubiera actuado delante de Yukino, había escuchado todas y cada una de las palabras de la chica. Estaba claro, no podía ignorar eso, por mucho que lo deseara.
FIN DEL FLASHBACK-----
Y así era. No sabía que hacer, se encontraba en un callejón sin salida, y él lo sabía de sobras. Pero, por mucho que quisiera perdonar a Yukino, lo que le había ocultado no era algo que pudiese olvidar de la noche a la mañana.
Tenía que pensar. Necesitaba pensarlo bien todo, para poner su mente en orden.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
-Sue… por favor, no toques nada.
Yukino observaba con nerviosismo a la niña mientras ella tomaba el té, o lo intentaba, con una Rika verdaderamente divertida con la situación.
-Vamos Yukino… no te enfades con ella. Es normal que explore lugares nuevos.
-Ya, pero no es lo mismo que toquetearlo todo y…- en ese momento se oyó un fuerte “crash” seguido de un “¡ups!” que hizo sobresaltar a la pelirroja-. ¡¡SUE!!
-¡Yo no he hecho nada!- gritó rápidamente la niña desapareciendo por uno de los tantos pasillos de la grande suite .
Yukino miró por donde la chiquilla había desaparecido un momento y suspiró bajo la atenta mirada de la psicóloga, que sonreía divertida.
-¿Qué me miras?- dijo cuando se percató.
-Me parece aún algo increíble que tú tengas una hija y seas tan…- chasqueó los dedos en busca de la palabra.
-¿Tan…?
-Es igual, solo me hace gracia verte como madre. Nunca lo había pensado, que todas llegaríamos a serlo algún día, ¿no?
Yukino pensó en lo que su amiga le estaba diciendo. Era cierto, en el instituto no se preocupaban por esas cosas, ni siquiera les rondaba por la cabeza.
Sin embargo ahí estaba ella, con una hija de casi ocho años y sin un padre con ella, eso sí, gracias a su completa estupidez, se reprendía una y otra vez.
La castaña la miraba con aparente tranquilidad, pero sabía de sobras lo que estaba pensando.
-No te culpes Yukino. Todos actuamos por nuestros impulsos, y por aquél entonces, la situación no estaba como para tomarse tiempo para pensar, ¿no crees?
Yukino miró los ojos castaños de la psicóloga y sonrió con tristeza. Que razón tenía. A los veinte años, en plena época universitaria, con un bebé en el vientre, peleada con el padre y a la víspera de una boda de sus mejores amigos, no era la mejor forma de pensar.
Sonrió con ironía mientras miraba a Rika de soslayo.
-A veces me da la sensación de que tienes la capacidad de leerme la mente… ¿estás segura que no has salido de uno de esos cuentos que le gusta escribir tanto a Aya?
La aludida sonrió divertida.
-Tranquila, solo que el estudiar me ha despertado un sexto sentido, y se calar a la gente con un primer vistazo. Así que imagínate con la gente que conozco de casi siempre- terminó guiñándole un ojo.
Yukino dio un sorbo al café que tenía ante sí y se reclinó en el respaldo del sofá mientras cerraba los ojos con pesadez y se los frotaba con las manos. Rika se percató del gesto y la volvió a estudiar con la mirada.
Desde la última vez que había visto a la profesora estaba distinta: se le notaba más delgada, de un tono más pálido de lo normal y con ojeras, clara señal de que no dormía apenas nada.
-He hablado con Sôichirô- irrumpió Yukino los pensamientos de la psicóloga, sorprendiéndola.
-¿Has hablado con él? ¿Cuándo? ¿Qué no se había ido a Kanagawa?
-Sí. Está allí, pero…- suspiró con pesadez y cogió aire. Parecía que le costaba hablar-. Fui a verle a Hokuei.
Rika no cabía en sí de asombro. ¿Yukino había ido hasta Kawasaki, en la prefectura de Kanagawa para hablar con Sôichirô?
-Parece que te sorprenda- espetó irrumpiendo sus pensamientos de nuevo.
-Evidentemente… no esperaba que fueses a verle. Más bien, pensaba que hasta huirías de él en la boda de Tsubaki y Tonami.
-No te creas, que lo he pensado- dijo soltando una pequeña y amarga risa-. Pero creo que era lo mejor.
-Y… ¿Qué te dijo?
-Pues… en realidad nada. Él solo me dijo que no quería hablar conmigo y que me marchara, pero… bueno, yo solo hablé y me desfogué y…
-¿A que te quedaste más tranquila soltándolo todo?- la interrumpió.
-Sentí como si un yunque de cien quilos se esfumara por arte de magia- sonrió-. Pero… bueno, yo solo le expliqué los motivos por los que tomé la decisión de irme. Él ni siquiera me miró a la cara.
-Entiendo… es normal que Sôichirô esté aún reacio a verte y menos hablar.
-Eso lo sé pero… tenía que hablar con él de una vez.
-Bueno, ya sabes lo que dicen: más vale tarde que nunca- finalizó riendo abiertamente y contagiando, así a la pelirroja.
Como atraída por las risas, Sue entró correteando al salón donde se encontraban las dos mujeres y fue directa al regazo de su madre, sentándose sobre sus piernas.
-Que, ¿ya has hecho suficientes maldades, exploradora?
Sue, por respuesta, esbozó una sonrisa traviesa y alzó los dedos en señal de victoria, sonsacando, así, una carcajada a las dos adultas.
-Yukino, ¿por qué no vas a casa y descansas? En dos días será la boda, y creo que deberías estar bastante despejada, aunque tengas todo el día de mañana para hacerlo.
-Bueno… sí, debería irme. “Pero tengo tan pocas ganas de que llegue…” - esto último, claramente, lo pensó. Miró a su hija con una sonrisa, que le fue devuelta inmediatamente-. ¿Nos vamos, Sue?
-Fale, pero quiero una hamburguesa para cenar- espetó la niña mientras bajaba de las rodillas de su madre y ésta se levantaba.
-¡Oh! ¿Quieres una hamburguesa?- viéndole asentir-. Vaaale, por el camino te compro una.
Cogió a Sue de la mano y caminaron entre risas hacia la puerta. Yukino, después de haberse puesto la chaqueta y coger el bolso, se giró para mirar a su amiga.
-Bueno, Rika… Gracias por el té.
-No hay de que. Creo que te hacía falta hablar con alguien ¿no?
-Lo cierto es que sí- confesó la profesora-. ¿De verdad que no tienes poderes psicológicos?- terminó bromeando con una sonrisa.
-Pues ahora que lo dices… le preguntaré a Aya si sabe algo sobre eso.
-¡Jajajajaja! Ok, ok. Entonces, ¿nos vemos aquí pasado mañana?
-¡Claro! Aya nos pasará a buscar.
-De acuerdo. ¡Hasta entonces!
-¡Adiós!
La psicóloga cerró la puerta tras despedirse y profirió un gran suspiro. Se quedó unos instantes apoyada en ella y luego caminó hasta una de las ventanas, corriendo un poco la cortina con la mano y mirando al exterior.
No sabía que hacer ya. Había hablado con Sôichirô ese mismo día por la mañana, y se había enterado de que llegaría al día siguiente.
Quería hablar con ella.
Y se podía imaginar para qué.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Cerró la puerta del armario después de guardar todo. Había estado recorriendo las tiendas durante toda la tarde, aún sin que a ella le gustase hacerlo, solo por evadirse de la emoción y los nervios que la albergaban y que cada vez se hacían más intensos.
Dos días.
Dos días y estaría casada con Takefumi, aquél que había estado presente en su vida la mayor parte de ella, y que en la infancia no había sabido apreciarlo.
Salió de la habitación y entró al comedor que se encontraba en penumbra. El día estaba ya acabando.
Tsubaki fue hasta una de las ventanas y miró al exterior. Al vivir en un ático le dejaba unas vistas realmente buenas, y podía ver el sol ponerse al horizonte.
-¡Tsubaki, ya he vuelto!- una voz se oyó en la entrada, seguida de un pequeño portazo y el movimiento de ropas moverse.
La aludida no se movió. Sabía que era su novio, pero se encontraba realmente a gusto.
-¿Tsubaki?- lo oyó llamarla de nuevo, ya cerca de ella. Al momento sintió sus brazos rodearle la cintura por la espalda y su barbilla ser apoyada en su hombro-. ¿Qué tal el día?- le susurró.
-…- ella siguió sin decir nada un momento. Se estaba tan bien ahí… no quería moverse-. No ha estado mal.
-Jeje- se rió él-. Eso quiere decir que no te ha servido de nada salir- le dio un beso en la mejilla-. ¿Estás nerviosa?
-Uf… creo que si me tomara una caja de valium no me harían efecto. ¿Tú que crees?
-Creo… que no tienes porqué estar nerviosa- espetó con tranquilidad.
-¡¿No?! Claaaaro… como una se casa cada día… Claro, como no me he dado cuenta.
Takefumi rió. Sabía como se ponía Tsubaki en temas así. Si ya estuvo histérica en la boda de Tsubasa, incluso en alguna otra que para ellos no tenía tanta importancia… así estaba a dos días de la suya propia.
Él sabía que ella siempre estaba atacada de los nervios en esto, pero aún así… le encantaba picarla y verla de esa manera. Se la veía tan infantil y desprotegida que le entraba la vena romántica.
-Vamos Tsu, relájate. Ya verás que todo se te pasa rápido. En cuanto menos te lo esperes, tendremos diez años de casados.
La chica sonrió. No se imaginaba a ella misma con diez años más, casada y, porqué no, siendo madre. Nunca había sido partidaria de la maternidad (ella solía decir que no quería ser madre), pero desde todo el tema de la boda y el embarazo de Tsubasa, la repentina sensación de ganas de ser madre la había embargado, y no podía sacársela de la cabeza.
Soltó un suspiro y, soltándose de Takefumi, se apartó de la ventana.
-En fin, ¿te apetece ir a cenar con Tsubasa a su casa?
-¿Ah? ¿Y eso?
-Es que me ha llamado hace un rato diciendo que Kazuma saldrá más tarde del estudio y que está aburrida.
-Oh, pues vamos.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
-La cena está lista- una voz sacó de sus pensamientos al chico que miraba por la ventana de su antigua habitación.
-Ya voy, mamá- contestó él, sin tan siquiera girarse a mirar a su interlocutora.
La mujer, de aspecto maduro, apretó ligeramente los labios y lo miró con aprensión. Se acercó con sigilo al moreno, colocándose a su espalda. Se mantuvo en silencio un rato, sin saber que decir, tan siquiera.
-No te preocupes, mamá- murmuró de repente él, sin voltearse.
Ella no pudo más que sorprenderse. Se había dado cuenta de su presencia, aún ella haciendo lo posible por que ocurriera lo contrario.
-Sôichirô…- intentó decir.
-No voy a hacer nada de lo que pueda arrepentirme- finalizó levantándose y sonriéndole-. Estate tranquila.
La mujer sonrió, conforme, confiada de lo que él le decía.
-¿Estás seguro de que no prefieres quedarte a dormir e irte mañana por la mañana?
Él tan solo asintió, con una sonrisa afable.
-Si me voy esta noche, mañana podré descansar más a gusto- confesó-. A parte, he quedado.
No añadió nada más. Los dos bajaron hasta el comedor, Sôichirô con algo de decisión, su madre… con cierta preocupación en la cara.
Continuará…
Notas de la autora :
Holas gente U _U
Sí, se que este iba a ser el último capítulo, y pensaréis que soy una mala ****, de colgarlo después de tanto tiempo y encima sin ser el desenlace.
Bueno, lo cierto es que no tengo excusas. Bueno, sí algunas… en verano tuve el pc en proceso de descomposición y hasta fines de agosto no me compraron uno nuevo, poco antes de irme de vacaciones una semana y volver un día antes de empezar las clases U_U
Como comprenderéis… desde entonces he estado bastante liada, por no decir mucho. Ahora me diréis, ¿y en navidad, qué? Vale, podría haber tenido tiempo. Escribí un fic corto de Harry Potter el mismo día de navidad, pero era eso, uno corto y ya tenía las palabras y todo, así que no me costó hacerlo.
Para mi desgracia, me puse enferma justo al empezar el año. Estuve mala hasta empezar las clases y bueno… hasta ahora, que estoy mejor.
No pretendo que me perdonéis mi tardanza >.< de verdad que si he tenido tiempo libre, pero por unas cosas o por otras, no sabía como explicarlo todo. Si lo hacía muy precipitado, fastidiaría todo el final, y no quiero eso >.<
Bueno, ahora la explicación de porqué lo he cortado a la mitad… como veréis, todo lo escrito son 11 páginas en total, y aún queda mas o menos medio capítulo. He aquí la cuestión: ¿Esperaba a acabarlo, o lo dividía por la mitad para que pudieseis leer algo?
Lo estuve pensando muy fríamente… y al final me decanté por la segunda. En esta parte pasan cosas interesantes, así que tampoco os quedaréis con mal sabor de boca.
Espero sepáis comprenderme todos >.< yo he hecho lo que he podido. Intentaré ponerme ahora que no tengo exámenes, a ver si para febrero lo tengo.
¡Venga! Y sabed que quiero los coments ¿eh, gente?
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-Hikari Katsuragi-