¡Aviso importante antes de leer! ¡¡Hola, hola!! E voilà! Aquí me tenéis. Decir que el cap… bueno, lo he vuelto a partir en dos, porque así se quedaba realmente interesante, y que la segunda parte la tendréis dentro de poquito, poquito n_n
Decir que os aconsejo leer la última parte con cierta canción… “Sorry seems to be a hardest Word ” la versión de Blue con Elton John . Es realmente una canción preciosa que le pega en sobremanera al capítulo, y creo que cuando lo leáis sabréis porqué.
Sin más dilación, os dejo con este capítulo, que, estoy segura, disfrutaréis. ¡¡Besotes!!
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Kareshi Kanojo no Jijô
‘LATER'
EP. 24: Perdón parece ser una palabra difícil.
Cerró la puerta con el pié al entrar a la vivienda. No podía hacer otra cosa, ya que sus manos estaban completamente cargadas con un par de bolsas y una gran funda de lo que parecía un traje.
Llegó a la sala de estar y lo dejó todo, cuidadosamente, encima del sofá. Tras quitarse la chaqueta y dejar el bolso sobre la mesa oyó el ruido de una puerta cerrarse.
-¿Maho?- la voz de Hideaki inundó la estancia.
-Estoy aquí- contestó a media voz, cogiendo la funda con el traje y dirigiéndose a la habitación.
Se encontró en ella al guapo rubio terminando de ponerse una camiseta. Tenía el pelo mojado, seguramente de una ducha reciente.
-Hola, ¿ya lo tienes todo?- preguntó mirando a la chica.
-Sí. Los trajes, los zapatos…
-Me refería al regalo- aclaró.
-¡Oh!- rectificó-. Claro que lo tengo. Desde hace días- finalizó sonriendo.
Maho abrió la cremallera y sacó dos prendas que se encontraban allí.
-Toma- dijo tendiéndole un traje de chaqueta al chico-. Pruébatelo, no vaya a ser que haya que cambiarlo otra vez.
Hideaki rió con algo de sorna mientras cogía la prenda y empezaba a cambiarse. Maho, mientras tanto, sacó su vestido de la funda y lo metió cuidadosamente en el armario.
-¿Y tú no te lo pruebas?- preguntó su novio, sacándole de sus cavilaciones.
-Oh, no. Lo he hecho en la tintorería.
-Jooo…- Hideaki fingió un puchero-. Yo que quería verte…
Maho lo miró con una ceja alzada. ¿Acaso estaba loco? Siempre la molestaba con que se había vuelto una presumida redomada o que si había engordado algún kilo. Le gustaba hacerla enfadar, y Maho sabía que no lo decía en serio.
-¡No era para molestarte!- el chico pareció leerle la mete-. Te juro, Maho, que solo quería verlo.
La aludida lo miró con astucia. Eso no colaba ni en un crío de diez años.
-Pues te vas a aguantar hasta la boda. No pienso ponérmelo antes- contestó con una sonrisa enigmática en los labios.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
-¡Sue! Haz el favor de quitarte el vestido- Yukino caminaba de un lado para otro en la planta alta de su casa. La niña correteaba también, pero delante de ella.
-¡No! ¡¡Me gusta mucho!! Quiero tenerlo un rato más.
-¡Pero…!- la niña dio la vuelta repentinamente, haciendo tropezar a Yukino, la cual casi cae-. ¡Sue!
La niña continuó correteando, riéndose. Sus carcajadas envolvían la casa mientras la madre continuaba persiguiéndola por doquier, sin lograr alcanzarla.
Yukino se quedó en la parte superior de las escaleras cuando Sue bajó velozmente, observando como su hija se divertía y jugaba. Veía sus ojos gris rojizo mirarla desde la parte baja, traviesa, retándola a que la siguiera.
¿Cómo lo hacía? Sue conseguía distraerla y hacerle olvidar todo. Era increíblemente parecida a ella a su edad pero increíblemente parecida a su padre al mismo tiempo.
La pelirroja puso los brazos en jarras y miró a la pequeña aparentando enfado, aunque le delataba la sonrisa divertida que tenía esbozada en la cara.
-¿Quieres guerra, pequeña granuja?- le dijo mientras empezaba a descender lentamente las escaleras y veía como la niña iba caminando hacia atrás-. ¿Es lo que quieres?
Sue chocó contra la pared del pasadizo y, viéndose acorralada empezó a negar vehemente con la cabeza.
Yukino sonrió igual que su hija momentos antes.
-Demasiado tarde- sentenció cuando faltaban un par de escalones para acabar de descender.
Al decir eso, la pequeña arrancó a correr por el pasillo rápidamente.
-¡No escaparás, sinvergüenza!- le anunció saliendo detrás de ella.
Sue se metió velozmente en la sala de estar, rodeando los sofás, interponiéndolos entre ella y su madre, que acababa de aparecer por la puerta e iba tras ella.
Pero, como era de esperarse, las cortas piernas de la niña nada pudieron hacer contra las ágiles y rápidas de la adulta, causando que Yukino atrapara a Sue cuando ésta intentaba saltar por encima del mueble, cayendo las dos sobre él riendo.
-Y ahora que harás, ¿eh, malvada?- le decía la pelirroja a la niña, que reía escandalosamente a causa de las cosquillas que le estaba haciendo.
-¡Jajajaja! ¡Mamá, para! No me hagas más- gritaba la niña entre risas-. ¡Seré buena! ¡Te lo prometo!
Yukino paró momentáneamente las cosquillas y miró a la pequeña, sonriendo con superioridad.
-Serás buena ¿eh? ¿Seguro?- preguntó con suspicacia, viendo asentir rápidamente a la niña-. Pues quítate el vestido ahora mismo, antes de que se ensucie.
Sue se levantó del sofá con velocidad y fue a su habitación. En menos de un minuto bajaba de nuevo las escaleras con un chándal y unas zapatillas y se sentaba en las piernas de su madre, sonsacándole una sonrisa a ésta.
-¿Has visto que rápida eres cuando quieres? Le dijo viendo a la niña sonreír socarronamente-. No sonrías así, que eres una malvaducha traviesa. Me recuerdas a…
-…a mí cuando era pequeña- le interrumpió la niña, finalizando la frase por ella-. Lo sé, mamá. Siempre me lo recuerdas- le afirmó con fingida madurez.
Yukino alzó una ceja con escepticismo y le alborotó el pelo a la niña, la cual se quejó por la acción.
-Vamos, que ya casi es hora de comer- dijo la pelirroja, levantándose del sofá con la niña en brazos-. ¿Qué quieres hacer esta tarde?
Sue se llevó un dedo a la barbilla, pensándoselo mucho.
-¿Vamos a ver una peli?
-¿Quieres ir al cine?- preguntó la madre, incrédula-. Si siempre me decías que era aburrido.
-Ya… pero quiero ir…- la miró con ojos suplicantes-. ¿Podemos, porfa?
-Mmm… si te comes toda la comida, tal vez.
-…¿qué hay para comer?- preguntó temerosa la niña.
-Ensalada de soja y okonomiyaki- contestó Yukino, sonriendo, mientras caminaba hacia la cocina.
-¡Ecs!- sue hizo una mueca de asco al escucharlo-. ¡No me gusta!
-Pues tendrás que comértelo todo si quieres ir al cine esta tarde…
-¡Mamá! Eres mala- la niña se cruzó de brazos mientras su madre la dejaba de pié en el suelo.
Yukino no pudo hacer otra cosa que sonreír.
-Lo se.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Sôichirô entró en el apartamento, cerrando la puerta con el pié tras de sí. Todo estaba oscuro, con las persianas bajadas.
Lo primero que hizo fue soltar la pequeña maleta que traía, puesto que sólo pensaba quedarse tres o cuatro días a lo sumo, en el suelo y subir las persianas.
El sol le cegó y tuvo que entrecerrar los ojos para mirar al exterior.
La noche anterior había preferido quedarse en casa de Hideaki. A la hora que había llegado, no le apetecía nada estar solo en su casa, donde no haría otra cosa que pensar, que era lo que precisamente evitaba hacer.
El rubio se había sorprendido al verle, pero no le había importado dejarlo pasar y darle una noche de cobijo. Sabía que su amigo no estaba bien, puesto que un par de días antes se había enterado del descubrimiento del moreno.
Habían hablado durante horas, sin importarle el tiempo ni las quejas de Maho, alegando que no eran horas de reunión de testosterona.
Hideaki sonreía a su novia cada vez que aparecía por la puerta del salón con un kimono sobre el pijama por bata, y el pelo levemente alborotado.
Con tan solo un par de palabras, el rubio hacía que la joven volviera a su cuarto, sabiendo que iba a aparecer de nuevo una media hora más tarde.
Y pasar esa noche con su mejor amigo le había hecho bien. Habían hablado de todo y de nada, porque cualquier tema era suficiente para abrir otra lata de cerveza y reir.
Agradecía a Hideaki el no haberle sacado el tema de Yukino, como sabía que estaba deseando hacer. Pero era algo sobre lo que no tenía ninguna gana de hablar.
Sôichirô continuaba mirando al exterior, sin ver. El día había amanecido increíblemente caluroso y soleado, cosa que no iba en absoluto con su estado de ánimo.
Corrió la cortina para atenuar la claridad y fue hasta el sofá, dejándose caer después. Con una mano se apartó el pelo de la cara, echándoselo hacia atrás y dejándolo levemente revuelto en el camino.
Miró la hora de la sala de estar. Las diez y media.
Había llegado con el tiempo justo para poder adecentarse un poco. El día anterior había llamado a Rika, alegando que llevaba ese día y que quería hablar con ella.
Se levantó del mueble, cogió la maleta y fue hasta su habitación, dejando el equipaje sobre la cama y abriéndolo después, buscando alguna pieza de ropa cómoda.
No sabía porqué había tenido el impulso de llamar a la psicóloga. Nunca había tenido una amistado profunda con ella, pero sentía que no tenía secretos y que le era imposible ocultarle algo.
Caminó hasta el baño como un autómata con la batería de reserva. Actuaba por acto reflejo sin saber lo que hacía, concentrado completamente en sus pensamientos.
¿Qué debía hacer con todo? Sabía que estaba actuando como lo había hecho Yukino hasta el momento: huyendo de todo. Y sabía que no estaba bien pero…
¿Cómo se puede reaccionar cuando de un día para otro uno se entera de que tiene una hija con casi ocho años?
Era imposible pasarlo por encima y actuar como una gran familia feliz.
Tenía que pensarlo todo cautelosamente.
Tras secarse de una rápida ducha y colocarse un cómodo conjunto deportivo, oyó el timbre de la puerta.
Con la toalla en los hombros fue hasta la entrada y abrió, encontrándose a una sonriente Rika, siempre con su expresión madura y afable.
-Hola, Sôichirô- le saludó.
-Hola. No te quedes ahí, pasa- le dijo dejando paso y cerrando la puerta después-. Acabo de salir de la ducha. Ves a la sala, que ahora mismo vengo.
El moreno recogió el baño rápidamente y se escurrió el pelo con la toalla antes de volver a salir.
-¿Qué tal el viaje?- preguntó la castaña una vez sentados en el sofá.
-Bien, bien. Te ofrecería algo, pero no tengo nada de nada.
-Bah, no te preocupes- la psicóloga hizo un gesto con la mano restándole importancia-. Tampoco puedo quedarme mucho. Tengo que estar en casa de Tsubaki a las doce.
-Estará nerviosa, ¿no?
-No te lo puedes imaginar. ¡Está como un flan acabado de hacer! No puede parar quieta- rió la joven, mirando al moreno a los ojos como analizándolo-. Igual que tú, imagino.
-¿Perdón?- Sôichirô había sido pillado por sorpresa. No se imaginaba tal acierto por su parte.
-Sôichirô, creo que son demasiados años conociéndote, y aunque nunca hemos sido, lo que se dice, íntimos, creo que me hago una idea de lo que puede estar pasando por tu cabeza- el chico agachó la mirada y observó el suelo con el ceño levemente fruncido, preocupado-. Tienes miedo de encontrarte mañana con Yukino, ¿no es eso?
La pregunta final había sido más afirmación, porque, y él estaba seguro, de que Rika podía leerle la mente y saber exactamente cual era su estado de ánimo.
-¡No me tomes tu también por bruja, por favor!- espetó, riendo-. Me puedo imaginar lo que estás pensando y te aseguro que NO tengo poderes paranormales. Es sólo, lo que podría llamarle, secreto profesional.
Sôichirô estaba completamente asombrado. Sí era cierto que la castaña sabía lo que hacía y era buena en su trabajo. Se había ganado la fama que tenía con mucho esfuerzo.
-Tienes miedo de cómo reaccionarás cuando veas mañana a Yukino- Sôichirô asintió-. Y también temes como reaccionará ella, ¿no?
-Sí, pero…- se echó hacia atrás en el sofá profiriendo un suspiro-. Es que ella vino a verme… a Kanagawa.
-Lo sé.
-¿Lo sabes?
-Sí. Ella me lo dijo. Lo cierto es que no pude ocultar mi sorpresa. Es decir… no me hubiese imaginado que era capaz de hacerlo…- rió al recordarlo-. La Yukino de ahora es realmente muy temerosa. Mide y calcula cada paso que da en todo y cada palabra que dice.
Arima no contestó. Meditaba sobre el hecho del miedo de la pelirroja, y recordaba su expresión al verla días atrás.
-Sôichirô, si Yukino fue a verte es porque lo siente de veras. No creo que haya hecho algo solo por puros remordimientos. Ella sigue pensando en ti como cuando íbamos al instituto.
-Lo sé.
-¿Lo sabes?- ahora era el tiempo de la castaña de sorprenderse.
-Sí. Cuando me explicó todo… me dijo que seguía queriéndome igual antes de irse.
-Y tú no le dijiste nada, ¿cierto?- la psicóloga volvió a verle asentir-. Creo que, como he dicho antes, el que tiene miedo ahora eres tú, aunque eso no quita que Yukino también lo tenga. Al menos ella lo ha afrontado y está haciendo algo al respecto.
Hubo un silencio en el que solo se oía el “tic tac” del reloj.
-Ahora, ella está expectante. No puede hacer nada más porque ya te ha dado explicaciones, ¿no? El que tiene que dar el siguiente paso, eres tú. Pero eso solo sucederá si tú estás seguro de perdonarla.
El moreno se levantó del sofá y fue hasta la ventana, mirando al exterior a través de la translúcida cortina.
-Sôichirô, tú la quieres, y eso es imposible negarlo. Pienso que, si el sentimiento es recíproco, tendríais que volver a estar juntos- Rika se levantó del sofá y se colgó el bolso al hombro-. Creo que le daríais una gran alegría a Sue, porque eso es lo que ha estado intentando desde que te conoció.
El moreno continuó sin contestar, aunque la psicóloga sabía que la escuchaba con atención.
-Me voy, Sôichirô. Piensa bien en lo que te he dicho y en tus acciones antes de hacerlas. Nos vemos mañana.
Sin más, salió de la sala. Sôichirô oyó la puerta de la casa cerrarse y apoyó la frente en el cristal de la ventana, aún con la cortina de por medio.
Lo que Rika decía era cierto. Todo era cierto y sin embargo, se sentía completamente incapaz de hacer nada. Porque todo era más sencillo de lo que parecía, sin embargo…
¿Cuál era la mejor manera de tratarlo?
-o-o-o-o-o-o-o-o-
El ambiente estaba completamente animado. Después del esperado “sí, quiero” de los novios, todo eran risas, felicitaciones y brindis.
Sin embargo, bajo esa aparente felicidad, algunos escondían una gran incertidumbre, otros, miedo y temor.
Yukino observaba a la pareja de novios en la pista de baile, riendo ajenos a todos, envueltos por toda la gente bailando a su alrededor.
Tsubaki estaba guapísima en su traje de novia; Yukino jamás se había imaginado a su amiga casándose, pues siempre había sido bastante liberal, sin prisas y preocupada por otras cosas que los chicos. Y sin embargo ahí estaba, recién casada con quien había martirizado en su infancia.
La pelirroja observaba aquella escena desde una de las mesas, alejada del bullicio y sin querer llamar la atención. Recordaba cuando se había encontrado con Sôichirô a la entrada de la iglesia. Verlo de aquella manera, enfundado en un traje, ni muy elegante ni muy informal, que le favorecía en sobremanera…
Cerró los ojos soltando un suspiro. Recordaba muy bien haber contenido el aliento y haberlo esquivado deliberadamente. Prefería no cruzarse con el chico, era algo que evitaba, ya que no sabía como acabaría reaccionando.
Estuvo al lado de Sue durante toda la ceremonia. Más de una vez había sentido escalofríos, y una mirada profunda fija en su nuca, ahora descubierta a causa del recogido. Sabía que Sôichirô la observaba, tras ella, dos bancos más atrás, y cada vez que aquel escalofrío la recorría, le entraban ganas de salir corriendo cuanto antes.
También quiso que se le tragara la tierra cuando los novios le pidieron a ella que leyera unas líneas y sin poder negarse, tuvo que salir ante el público. La situación le recordó a sus años de delegada junto a Sôichirô, y no puedo evitar sonreír con nostalgia antes de empezar a hablar.
Al sentir todas las miradas sobre ella, se sintió bien, como si el tiempo no hubiese pasado y aquello fuera un mero discurso del colegio. Más sin embargo, la realidad era demasiado impactante.
El tiempo desde la iglesia le había pasado endemoniadamente lento. Mientras ella leía lo indicado, una media sonrisa nostálgica le bañaba el rostro.
Había deseado que aquel día acabara cuanto antes, ya que deseaba, repentinamente, poder estar sola.
Pero ahí seguía, apartada de todo en una de las mesas. Oía a la gente gritar y reír mientras ella jugueteaba con una copa de champán a medio vaciar. Se la llevó a los labios y dejó deslizar levemente el burbujeante líquido por su garganta.
-¿Qué haces aquí tan solita, Yuki?- la pelirroja oyó una voz a su lado.
Maho se mantenía de pié a su lado, con un precioso vestido azul tornasolado en escote palabra de honor. El pelo, inusualmente recogido, le daba un aire más maduro, con pequeños tirabuzones enmarcando su fina cara, maquillada sutilmente y resaltando los claros ojos azules.
Yukino la observó y sonrió levemente, al tiempo que la morena se sentaba a su lado.
-No te has levantado en toda la noche más que para ir un par de veces al baño- empezó cruzando los brazos sobre la mesa-. ¿Por qué no vienes a bailar un rato? Sue se lo está pasando en grande.
La profesora miró hacia la pista de baile, viendo como la niña iba de un lado a otro, arrancando sonrisas a los presentes.
-¡¡Mamy!!- le gritó, corriendo hacia ella con una expresión de felicidad y diversión en su cara. Pegó un salto al llegar junto a la profesora y se sentó sobre sus piernas y pasándole los brazos por el cuello, antes de plantarle un beso en la mejilla, haciendo que esta soltara una carcajada-. ¡Mamy! ¿Por qué no vienes? ¡Es muy divertido!
La profesora pasó sus brazos rodeando la cinturita de la niña y sonriéndole.
-Sue tiene razón, Yukino- la apoyó Maho-. Distraerte te vendría bien, ¿no crees?
La pelirroja miró a los ojos azules de su amiga, enseriando su expresión, cogiendo, al mismo tiempo, una de las manos de su hija y jugando con ella.
-No se, Maho. Tal vez de aquí a un rato, pero ahora no.
Maho suspiró con resignación y se encogió de hombros antes de levantarse.
-Bueno, lo hemos intentado, ¿verdad Sue?
La niña observó a su madre con cara de pena.
-Venga Sue, aprovecha para divertirte, que no sabemos cuando tendremos la próxima boda.
Ella asintió y se levantó de un salto, no sin antes regalarle un beso en la mejilla a su madre. Cogió la mano que la morena le ofrecía y sonrió.
-Que sepas, que como no te vea en menos de una hora, volveré a buscarte y te llevaré a las malas- le dijo Maho a Yukino, arrancando una sonrisa a la pelirroja.
Las dos dieron la vuelta y se internaron en el bullicio de la gente. Yukino observó el lugar por donde se habían ido. La gente bailaba, bebía y hablaba, ajenos a todos.
Sabía que amargándose la noche no arreglaría nada. También sabía que quedaría arreglado si no hacía algo. ¿Pero qué podía hacer? Sentía que lo había probado todo, aún sabiendo que eso no era cierto, pero ya no se veía con valor para nada más.
Se inclinó en la mesa, cruzando los brazos sobre ella, y escondió la cabeza entre ellos. Cerró los ojos y respiró hondo. Debía encontrar el valor en algún lado. ¿Pero qué más podía hacer?
-Yukino…- una voz masculina que no se esperaba hizo que la nombrada se sobresaltara, alzando la cabeza para mirar a su interlocutor.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Sôichirô desvió su mirada hacia el enorme ventanal que había en uno de los lados de la gran sala. No podía parar de observarla… y se maldecía a sí mismo por ello.
Desde que había llegado a la iglesia acompañando a Tonami, visiblemente nervioso ese día, no había podido quitarse de la cabeza que tendría que ver a Yukino aunque no quisiera, y esa idea lo había atormentado durante todo el rato hasta verla llegar.
Lo cierto era que no había podido hacer otra cosa que observarla con adoración, sin poder despegar sus ojos de ella.
Llevaba un vestido completamente negro, según la luz podía verse rojizo oscuro, atado al cuello con un escote de pico, pegándose al cuerpo hasta su esbelta cintura como una segunda piel. La caída amplia de la falda le daba un toque sensual, acabándolo de rematar con el elegante recogido del pelo, adornado con detalles negros.
Para terminar, una túnica de tela fular semitransparente, de color negro, le cubría sus brazos y hombros.
En aquél instante, sôichirô pensó que moriría ahogado, ya que parecía que el aire se había negado a llegar a sus pulmones.
Nunca la había visto tan arreglada, con una sencillez arrebatadoramente sensual, ni siquiera en su propia graduación o en la boda de Tsubasa y Kazuma.
Recordó el escalofrío que le había recorrido la espalda cuando sus miradas se encontraron durante un instante. El leve maquillaje rojizo oscuro que envolvía los ojos de Yukino le daba más profundidad a su mirada, e hizo que Sôichirô se desviara, huyendo de esa conexión.
Desde aquél instante no había podido dejar de mirarla. Durante la ceremonia, dos bancos más atrás de ella y cuando la vio salir frente a todos, con ese aire de tranquilidad que le hizo saber que estaba nerviosa. No pudo evitar sonreír al recordar aquella etapa tan feliz y dura de su vida.
Se daba cuenta de que le era imposible sacársela de la cabeza, y que esa mirada, aparentemente normal, le calaba hondo como un puñal, sintiéndose culpable por ello.
En esos momentos se daba cuenta de lo mucho que le importaba el hecho de que Yukino pudiese sentirse mal. En realidad, debería ser él el que estuviese así, y en verdad lo estaba pero…
Era algo instintivo. Con sólo ver una expresión triste reflejada en los ojos de la pelirroja, su preocupación se disparaba en un acto reflejo.
Y ahí, desde su posición en la penumbra, veía con claridad como Yukino seguía en su lugar, apartada, mirando a la gente sin ver. Sabía que estaba triste, lo podía ver plasmado en su expresión y en sus gestos, pero aún así, había algo que le impedía acercarse definitivamente a ella.
Vio a Maho acercársele, seguramente para obligarla a que se divirtiera y olvidara todo un rato. Sôichirô sonrió. La morena ojiazul podía ser muy seria, pero era muy buena amiga. Sabía exactamente lo que decir en el momento adecuado.
-¿Admirando el paisaje?- una voz sonó al lado del profesor.
Hideaki caminó hasta llegar a su amigo y se apoyó en la pared, a su lado. El moreno lo miró un instante y volvió a fijar su vista al frente, con una expresión indescifrable.
-¿Por qué no hablas con ella?- preguntó tras un rato de silencio.
Sôichirô no contestó. Se limitó a mirar de nuevo a pelirroja, que oía el discurso que, seguro, le estaba echando su amiga, con la cabeza baja, mirando las manos sobre la mesa.
-No puedo hacerlo- respondió, finalmente.
-¿Por qué?
-No sabría que decir. Debería estar enfadado y dolido… y lo estoy, pero…
-Tío, creo que estas completamente colgado, como has estado siempre. Te es imposible decirle nada por miedo a cagarla, ¿no?
Sôichirô frunció el ceño y miró a su amigo al lado.
-Creo que deberías preguntarle a Aya si te ha dado algún tipo de poder a través de las novelas que escribe, estás empezando a desvariar.
Hideaki se hizo el ofendido y se cruzó de brazos, digno de un niño pequeño.
-Asaba, deja de ser crío, que se que te encanta que te achuchen, sobre todo si lo hace Maho.
El aludido cambió la cara y no pudo evitar sonreír, mirando hacia donde estaba la morena con su amiga.
Sôichirô observó al rubio, que observaba a su novia. Su expresión era serena que no podía evitar el brillo en los ojos que tenía.
-Tú sí que estás completamente colgado- le dijo, sacándolo de sus ensoñaciones-. Maho va muy guapa hoy.
-Y Yukino también.
-Vale, vale. Touché , lo he cogido, ya me callo.
El rubio sonrió con suficiencia y lo miró, posando una mano sobre su hombro en un gesto amistoso.
-¿Por qué no vamos a dar una vuelta por aquí? A ver si logras despejar esa cabeza de cavilaciones y demás, que te vas a amargar la noche. No mola eso de estar aquí todo el rato, igual que hace la pelirroja, sin hacer nada. Al menos distráete.
Él tan sólo negó con la cabeza.
-Me quedaré aquí un rato más. Tengo que aclararme las ideas.
Hideaki se encogió de hombros, abatido.
-Bueno, luego no me dirán que no lo intenté- le dio una palmada en la espalda y se alejó-. ¡Hasta luego!
Sôichirô observó irse a Hideaki y volvió a mirar a las dos amigas, viendo como ahora estaban acompañadas por la pequeña Sue, sentada en la falda de su madre, la cual jugaba con sus manos.
Un halo de ternura le invadió completamente al verlas. Yukino miraba a su hija al tiempo que hablaba con Maho. La pequeña parecía también decir la suya de vez en cuando, como intentando convencer a su madre, y sonsacándole una bella y sincera sonrisa.
Y él tampoco pudo evitar sonreír. ¿Cómo sería encontrarse con esa imagen cada día, incluso completando él mismo el cuadro?
Una sensación cálida le recorrió el estómago mientras Sue se alejaba de su madre junto con Maho, dejando a la pelirroja sola de nuevo.
Y volvió a verla igual que antes, sumergida en sus propios pensamientos, escondiendo la cabeza entre sus brazos cruzados sobre la mesa.
El moreno sintió un impulso repentino. ¿Y si iba a hablar con ella? Aquella era una buena oportunidad.
¿Pero qué le diría? Eso era algo de lo que no estaba seguro.
- “Ya lo pensaré cuando llegue el momento” - pensó para si mismo, dándose valor.
Con expresión decidida, se separó de la pared y, cuando había dado unos pasos hacia la mesa donde se encontraba la pelirroja, vio como otra persona se acercaba a ella.
Paró en seco al ver como Tonami se sentaba a su lado un instante y la hablaba con ella un par de palabras.
Frunció el ceño, sintiéndose estúpido. No sabía de donde había sacado el repentino valor, pero éste se había esfumado nuevamente.
Continuó sentirse ridículo, cuando Takefumi, tras mucho insistir, logró sacar a la pelirroja, seguramente alegando querer un baile con ella.
¿Por qué se había acercado? Era el momento oportuno, había pensado antes, pero en ese instante continuaba sintiéndose un completo idiota además de enamorado y loco.
-¡Sôichirô!- alguien le llamaba.
Al girarse vio a una guapísima Maho acercarse a ella con Sue de la mano. La niña parecía algo avergonzada, puesto que miraba al suelo como si fuese lo más interesante.
-Hola Maho- saludó el moreno. Seguidamente agachó levemente la cabeza mirando a la niña que la cogía de la mano-. Hola, Sue- la saludó, sonriendo.
La niña, por toda respuesta alzó brevemente la mirada y se escondió tras la morena, que soltó una risita entre sorprendida y divertida.
-¡Pero bueno! ¿De donde sale toda esa timidez, Sue? ¡Si hasta has hablado con el director de orquesta!
Sôichirô no pudo evitar sonreír. Se agachó para estar a la altura de la niña, mientras Maho la sacaba de tras de sí y hacía que se quedase frente al profesor.
-¿No vas a decirme nada, pequeña?- le dijo con una sonrisa, mirándola como continuaba con su vergüenza tan poco común en ella, pero haciéndola igualmente adorable.
-Hola…- murmuró finalmente-. Vas muy guapo.
Maho y Sôichirô sonrieron.
-Tú también. Te queda muy bien el vestido y el pelo recogido. Ahora se te ven bien los ojos- habló, apartándole un mechón de pelo del flequillo de los ojos.
La niña lo miró de reojo, con la cabeza gacha y las mejillas sonrojadas. Sôichirô sonrió con dulzura, poniéndole una mano sobre la cabeza y acariciándola levemente.
Al instante, la niña le rodeaba el cuello con los brazos y él le correspondía a la acción. Había estado deseando abrazarla desde que la había visto, y creía que no podría hacerlo, se habría sentido demasiado cohibido.
Pero había sido ella la que lo había hecho, y se sentía feliz de saber que no era el único que la había echado de menos.
-Mi niña…
La cogió en brazos mientras continuaba abrazándola y se puso de pié. Depositó un beso en la mejilla de ella, sin dejar de abrazarla.
Miró a la morena que se mantenía callada, no queriendo interrumpir el momento, y vio que sonreía con ternura.
-Gracias.
-No hay de qué- contestó ella-. Te veías bastante apagado hace un rato. Parece que Hideaki no ha conseguido persuadirte para distraerte…
-No, pero y tanto que lo intentó. Aunque creo que estaba más pendiente de cierta morena de vestido azul…- la miró con picardía.
Maho desvió la mirada, visiblemente azorada. Estaba claro que esa no era la respuesta que se esperaba por su parte.
-Pues esta vez si que no te escapas- le dijo, cambiando de tema-. Sue, ¿verdad que me prestas a tu padre para un baile? Ya que cierto muermo no quiere…- espetó refiriéndose a Hideaki, o eso pensó el moreno.
La niña miró a la ojiazul, que sonreía con un aire de misterio. La niña esbozó su tan característica sonrisa traviesa y asintió con vehemencia.
-Pues ale. Decidido. No quiero un no por respuesta, Sôichirô, así que no intentes rechazarme ¿eh?
Sue le dio un beso en la mejilla a su padre antes de bajarse y volver a perderse por entre el bullicio. La sala estaba completamente llena y en la pista se agrupaban casi todos los invitados a la fiesta.
Pero lo que él no sabía, era la trampa en la que estaba cayendo.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
La música resonó por todo el local. Las parejas se juntaban a su alrededor mientras ellos continuaban quietos, sin mirarse, pero conscientes de la presencia el uno del otro.
A un poco más de un metro de distancia, no se atrevían ni tan siquiera a levantar la mirada.
Yukino mantenía los brazos a ambos lados, con la cabeza gacha levemente ladeada, observando el suelo. Había salido por obligación. De no haber sido por Takefumi, que la había convencido de despejarse aunque fuera unos minutos, nunca esperó esa encerrona por su parte.
Maldición. Eso había estado planeado. ¿Cómo le hacían eso a ella, sabiendo lo mal que lo estaba pasando?
Levantó levemente la mirada, sin cambiar de postura, y observó al guapo moreno frente a ella, con sus preciosos ojos esquivos. Yukino se mordió el labio inferior, nerviosa. ¿Cómo debía actuar?
-o-o-o-o-o-o-o-o-
El profesor, por su parte, sintió el alma caerse a los pies cuando quedó frente a la hermosa pelirroja. Maho bien lo había enredado, fingiendo no tener pareja y queriendo un baile. Odiaba ser tan despistado con todo.
Y en ese momento no se atrevía a mirarla. Parecían dos tontos, ahí, en medio de la pista, rodeados de parejas que empezaban a bailar una melodía romántica, hecha para enamorados.
¿Y qué debía hacer? ¿Cómo debía actuar? Se preguntaba sin saber que era lo mismo que pasaba por la mente de la mujer delante de él. Ni siquiera se atrevía a mirarla: mantenía su vista lejos de ella, intentando no tener contacto visual alguno, y sabiendo que, si este ocurría, no podría dejar de observarla.
Sorry seems to be the hardest word.
Perdón parece ser una palabra difícil.
Suspiró con pesadumbre, oyendo como una voz varonil empezaba a cantar la melodiosa y triste canción que llegaba a describir cómo se sentía.
What I got to do to make you love me?
¿Qué tengo que hacer para que me ames?
What I got to do to make you care?
¿Qué tengo que hacer para hacer que te importe?
What do I do when lightning strikes me?
¿Qué hago cuando un relámpago me golpea?
And I wake to find that you're not there?
Y despierto para encontrar que no estás allí.
Cerró los ojos con fuerza, como si quisiera desaparecer. Apretó los puños hasta casi clavarse las uñas cuando sintió algo posarse en su pecho, haciendo que abriera los ojos al instante y sin poder evitar la sorpresa.
Yukino se había acercado a él con sigilo, dejándose llevar por su instinto y arriesgándose a un rechazo. No sabía cómo actuar ni tampoco qué decir. Simplemente, había apoyado la frente en el pecho del chico y cerrado los ojos, aferrándose a una esperanza, a tener una posibilidad de mantenerse ahí.
What I got to do to make you want me?
¿Qué tengo que hacer para que me quieras?
What I got to do to be heard?
¿Qué tengo que hacer para ser escuchado?
What do I say when it's all over?
¿Qué digo cuando todo ha terminado?
Sorry seems to be the hardest word.
Perdón parece ser una palabra difícil.
Y Sôichirô se debatía consigo mismo. Deseaba estar con Yukino, y aquella acción por su parte le indicaba que él era el encargado de dar el siguiente paso, si es que quería hacerlo.
Sentía como la profesora que había dejado llevar por todo, y quiso, deseó poder hacer lo mismo.
Y fue así como se vio, al cavo de unos instantes, sujetando una de las manos de Yukino, rodeándola levemente por la cintura con la otra y notando la mano libre de ella acariciarle sutilmente la nuca, con suavidad. Ella parecía no darse cuenta de ello, pues no se había separado del pecho de él ni pareció sorprenderse cuando el moreno le correspondió el gesto.
Y así fue que se encontraron, danzando, meciéndose levemente y dejándose llevar por la triste y melancólica melodía que parecía estar narrándoles.
It's sad, so sad. It's a sad, sad situation.
Es triste, tan triste. Es una triste, triste situación.
And it's getting more and more absurd.
Y se ha hecho más y más absurdo.
It's sad, so sad. Why can't we talk it over?
Es triste, tan triste. ¿Por qué al final no podemos hablarlo?
Oh it seems to me, that sorry seems to be the hardest word.
Oh me parece a mí. Que perdón parece ser una palabra difícil.
Sôichirô se dejó llevar, cerrando los ojos y apoyando su barbilla en la cabeza de la pelirroja, con los ojos cerrados, estrechándola y sintiendo su aroma que durante años había extrañado.
Aún estaba dolido. La mentira era algo que no soportaba, pero cuando la profesora apareció en el campo de cerezos que tantos recuerdos le tenía, explicándole todo… sintió una punzada en el pecho que no supo identificar.
Y parecía arrepentida con tan sólo mirar sus ojos. Sabía que, si Yukino había mentido, había sido por algo superior a ella. Y así lo confirmó de sus palabras: el miedo. El mismo terror traicionero que le había embargado a él durante el instituto y por el cual también había hecho mucho daño a la pelirroja, siempre a su lado en todo momento.
Ahí comprendió que, por más que alargara su enfado, sería algo completamente inútil, pues jamás olvidaría a Yukino. SU Yukino que había confesado continuar amándole, a pesar del tiempo y de los remordimientos que la embargaban.
¿Y qué decir de Yukino? En aquél momento no podía pensar. Sus sentimientos la desbordaban completamente haciéndole olvidar todo, desde el lugar en el que estaba hasta su propio nombre. Tan solo estaban ellos dos, y la música que continuaba sonando.
What do I do to make you want me?
¿Qué tengo que hacer para que me quieras?
What I got to do to be heard?
¿Qué tengo que hacer para ser escuchado?
What do I say when it's all over?
¿Qué digo cuando todo ha terminado?
Sorry seems to be the hardest word.
Perdón parece ser una palabra difícil.
Pero necesitaba decirle que lo sentía una vez más. Necesitaba que supiera que él no le era indiferente y que en ocho años le había sido imposible olvidarle.
Cerrando los ojos con fuerza se abrazó a él, queriendo transmitir con el gesto lo que no podía decir con palabras.
¿Cómo un simple “lo siento” podía ser tan difícil de decir?
Sôichirô también se dejó llevar por aquél abrazo. Estrechó a Yukino entre sus brazos, como llevaba tiempo queriendo hacer, recibiendo de ella todo su pesar y sentir, dejando que fluyera todo entre ellos, rompiendo las barreras que les separaban, porque a pesar de haber estado cerca en unos meses, siempre habían estado alejados.
El moreno depositó un tierno beso en la cabeza de ella, diciéndole que todo quedaba atrás y que, desde ese momento, sólo importaba el presente.
Sonrió, apoyando la cabeza en la de ella. Sí. Era mejor volver a empezar.
Por su lado, Yukino tampoco había podido evitar una sonrisa al sentir la acción del moreno. No podía entenderlo, pero sabía que, de alguna manera, con ese gesto le trasmitía su perdón. Era su manera de dejar todo atrás.
Pero la pelirroja sintió que no era suficiente. ¿Cómo iba a perdonarle tal mentira? Se disculparía cuanto hiciera falta ante el moreno. Haría lo que fuese.
It's sad, so sad. It's a sad, sad situation.
Es triste, tan triste. Es una triste, triste situación.
And it's getting more and more absurd.
Y se ha hecho más y más absurdo.
It's sad, so sad. Why can't we talk it over?
Es triste, tan triste. ¿Por qué al final no podemos hablarlo?
Oh it seems to me, that sorry seems to be the hardest word.
Oh me parece a mí, que perdón parece ser una palabra difícil.
-Lo siento, yo… por favor, perdóname…
Fueron solo seis palabras, expresando dos formas de disculpa que ya no servían de nada, pues el moreno no las necesitaba.
Sôichirô separó levemente a la pelirroja, sin dejar de rodearla con uno de sus brazos. Tan solo quería mirarla, así que hizo que alzara la cara para poder observarla.
Fue entonces que vio como la profesora lloraba. Sin hipidos y sin intención, tan sólo las lágrimas cayendo por sus mejillas, rodeándolas y dejando un leve rastro de maquillaje.
Ella pareció darse cuenta de su llanto, pues desvió la cabeza y se pasó la palma de la mano por sus mejillas, secándolas de lágrimas y quitando el color grisáceo que el maquillaje había dejado con ellas.
Él sonrió levemente, con dulzura, pasando el dorso de los dedos por sus mejillas, resiguiendo el recorrido hecho por las saladas gotas que antes las manchaban.
Yukino alzó, entonces, la vista, perdiéndose en los brillantes ojos de Arima, que la observaban sin ningún tipo de reproche, ni dolor; eran apacibles y le transmitían tranquilidad.
Yeh. Sorry!
-No pidas perdón- le dijo finalmente. Yukino quiso protestar, pero Sôichirô se lo impidió posando un dedo sobre sus labios-. Tú me perdonaste una vez… ahora, tú tienes derecho a que yo lo haga.
What I got to do to make you love me?
¿Qué hago para hacer que me ames?
What I got to do to be heard?
¿Qué tengo que hacer para ser escuchado?
What do I do when lightning strikes me?
¿Qué hago cuando un relámpago me golpea?
What have I got to do? What have I got to do?
¿Qué tengo que hacer? ¿Qué tengo que hacer?
Yukino le continuó mirando, sintiendo humedecerse los ojos de nuevo. No sabía describir lo que sintió en ese momento, pero sí sabía que a partir de entonces, las cosas serían completamente diferentes y que su vida daría un giro de ciento ochenta grados.
When sorry seems to be the hardest word?
¿Cuándo perdón parece ser una palabra difícil?
Y ahí, en medio de los últimos compases de la triste canción, fue que sus labios volvieron a encontrarse, felices de nuevo y entonando otra canción, esta vez, diferente a la del perdón.
Ajenos al bullicio de aplausos a su alrededor, pidiendo otra canción. También ajenos a los varios pares de ojos que les observaban y a las bocas que sonreían o exclamaban, contentos por sus amigos y felices de su evidente reconciliación.
Y es que la vida puede dar muchas vueltas. No todo lo que sucede es bueno ni todo lo que sucede es malo. Pero lo que sí es cierto, es que a pesar de las tormentas y malos tiempos, todo se arregla. Sí. Todo tiene arreglo…
…después.
Fin
(Acabado el 11 de Abril del 2006)
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Notas de la autora: Jajajajajajajajaja, ya puedo ver vuestras caras sorprendidas diciendo: “¿Pero que no lo había partido en dos????” ¡¡Sí!! ¡¡Soy mala!!
¿Cómo iba a haceros esto, mis queridos lectores, después de haberlo hecho ya una vez? No, no, no. No soy tan cruel y despiadada.
Bueno, pues hasta aquí llegó Later. Y sé de sobras que tenéis unas ansias asesinas, ¿me equivoco? Seguro que no, ¡¡porque he aprendido a leer la mente incluso a distancia!! xDD
No os podéis quejar en absoluto, porque el capítulo dura 23 páginas de Word a letra verdana 12, ¡sin contar las notas de autora!
Y decir que este NO es el final de Later. No. Aún queda el epílogo, ¡¡sí señor!! ¿Qué sería de un fic sin un epílogo aclarando dudas?
En él os enteraréis de cosas como… ¿Por qué se pelearon Yukino y Sôichirô? O… ¿Qué pasó después de la boda? ¿Qué pasó con el resto de gente? Etc., etc., etc. No puedo pasarme la noche diciendo todo lo que queréis saber, porque ya se que lo queréis saber, valga la redundancia.
No se cuando publique el epílogo, porque tampoco sé cuando lo escriba. Tengo ya todo pensado y apuntado en mi libreta malvada. Jujujuju. Creo que va a ser algo que no os esperáis, pero bueno, llevaremos la línea del verdadero final de Karekano, con eso lo digo todo.
Dar las gracias a todos los que me han leído y que me han aguantado durante estos 3 años y pico que llevo con el fic. Gracias a todos los que me han enviado mails y me han dejado reviews por fan fiction.
Decir, y añadir, que me gustaría que, siendo el último capítulo, me hicierais una valoración final del fic, entre este capítulo y el epílogo. Para mí, la opinión del lector vale mucho, y me da ánimos para continuar escribiendo el resto de historias que tengo a medias incluso abandonadas (¡¡Sorry a los que me leen en Monotonía!! Ahora me dedicaré enteramente a él).
Bueno, creo que me están saliendo las notas de autora más largas de la historia… ¡casi una página entera!
Como siempre, ya sabéis mi mail: hikari_87@hotmail.com aviso. NO lo uso como MSN, tan solo como correo
En fin, muchos saludos a todos. Mil gracias de nuevo por haber estado ahí, leyéndome y aguantando mis desplantes. ¡Un besote enorme!
-Hikari Katsuragi-
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